Nada mas nacer, hice un largo viaje en barco que duró varios días, no consigo recordar nada de él, pero dice mamá que en mi memoria quedó grabado el horrible ruido de los motores de vapor, y por eso tiemblo cada vez que oigo algo parecido, como cuando la olla a presión está en marcha. Entonces, me refugio en los brazos de algún miembro de mi familia que me tranquiliza con caricias y dulces palabras. 

Cuando llegamos a casa, seguía muy afectada por el viaje y la primera noche la pasé agarrada a la mano de mi madre, creo que no la dejé dormir, ya que lloraba en cuanto intentaba soltarme. Durante unos días incluso temieron por mi vida, no me pasaba nada de comida y mi médica nos visitaba con frecuencia, muy preocupada por mi estado de salud. Por fin, pude empezar a tomar algún biberón muy flojito y las cosas cambiaron. El pasado trece de octubre cumplí cinco años. 

Tengo cuatro hermanas mayores, tres de ellas normalmente no están en casa pues se tuvieron que ir a estudiar fuera, a un sitio que se llama “La Universidad”. De mayor quiero ir con ellas a la Universidad. Dice mamá que primero tengo que aprender a leer. Cuando ella dice esto, se ríe como si no me viera capaz de hacerlo, pero creo que si ellas lo han conseguido, yo también podré. Además, cuando mis hermanas están en casa, me enseñan muchas cosas, algunas las entiendo a la primera, y otras no,  entonces les pregunto una y otra vez hasta que se cansan y me dejan por imposible. Eso fue lo que ocurrió un día que María me intentó explicar lo del universo, el sol, las nubes y las galaxias, después de mucho rato de preguntas, me dijo desesperada que ya lo entendería cuando fuera a la Universidad. Ahora era muy pequeña y esos temas, de tesis. No me atreví a preguntarle, pero... ¿qué será tesis?, ¿Tendré que hacer también tesis?. 

Entre todas mis hermanas, con la que más juego es con la pequeña, aunque a veces tiene que estudiar y se queja de que no la dejo hacer nada, pero es que jugar sola es muy aburrido, si por lo menos tuviera un perro... 

Con mi padre, las relaciones son de otro modo, él dice que es el único de la familia que me educa de forma adecuada, porque los demás me miman demasiado. Algunas veces, si estamos a solas, me deja que le llame “papi”. Dice que en publico, ese nombre le hace perder autoridad, lo comprendo porque en casa, esta solo con cinco mujeres y yo, así que, en presencia de alguien, procuro tratarle con respeto y hacer las cosas como a él le gustan.  

Un día que paseábamos con papá y mamá por el campo, se nos acercó un perro que estaba abandonado, el pobre era cojito. A ellos les dio mucha pena, así que le dieron un trozo de pan con paté, se vino con nosotros y fue cuando me di cuenta de que no me apetecía nada tener perro. Era mejor aburrirme sola algún rato antes que correr el riesgo de que alguien me robara la atención de mi familia, además aquel bicho era grande, feo y estaba muy sucio. Debió notar que no me caía bien e intentó acercarse a mí haciéndose el gracioso. Corrí hasta mis padres y me puse en medio de ellos para que se diera cuenta de que no me era simpático. Cuando llegamos a nuestro coche, rápidamente me metí dentro,  afortunadamente a él no le dejaron entrar. 

Lo mas divertido de todo, son los fines de semana, pues podemos estar todos juntos. Siempre viene alguna de mis hermanas e incluso a veces el novio de la mayor, al que procuro caer bien para que se sienta a gusto. Papá les prepara excursiones y es entonces cuando más feliz me siento. Cuando llegan, salgo la primera a saludar, sin darles casi tiempo a dejar las maletas en el suelo. Parece que soy la que más se alegra de su aparición. Mamá enseguida empieza a reñir diciendo que el equipaje tapa el paso, o cualquier otra cosa. Creo que es una exagerada y lo que realmente le ocurre es que tiene envidia de que yo sea la más cariñosa con ellas.   

Belén me cuenta cosas del gato que tienen en su casa de la Universidad, siempre la escucho muy atenta. La verdad es que los gatos me gustan poco porque una vez, en Benasque uno me arañó la cara, dijeron que la culpa fue mía por acercarme, solo quería jugar con él, y no me parece muy sociable que un animal domestico vaya con las uñas preparadas dispuesto a arañar sin previo aviso a todo aquél que se le acerque. 

Durante unos años, fuimos a Benasque casi todos los fines de semana. Me gustaba mucho ir, aunque a veces por las noches, hacía tanto frío que no conseguía dormir. Cuando me parecía que mis padres estaban distraídos, me subía a su cama y me colocaba entre los dos, a ellos les daba pena y me dejaban estar ahí hasta que pensaban que me había dormido, entonces, con mucho cuidado, me llevaban en brazos a mi camita, yo esperaba de nuevo un rato y empezaba otra vez la rueda pasando así la noche, entre viajes para arriba y para abajo. 

Allí tuve otro tropiezo, esta vez con unos perros que andaban solos por la calle. Habíamos salido mamá y yo a dar un paseo, y tuvimos que correr de lo lindo hasta llegar a casa mientras ellos nos perseguían a la carrera, aún recuerdo a mamá gritándome ¡corre, y no pares hasta casa! Y es que parece que venían exclusivamente a por mí y como no estaban sus dueños para frenarlos... 

A base de todos estos contratiempos, he llegado a la conclusión de que solo me gusta estar entre personas. ¡Cómo yo! 

Se acercan las Navidades, y me han dicho que el día de Nochebuena, nacerá Jesús eso es muy raro porque creo que nace todos los años y no solo una vez (como nosotros). Dicen mis hermanas, que él puede hacerlo puesto que es Dios.  Les he preguntado: - ¿qué es Dios? – Y me han dicho que es alguien eterno y que lo puede todo. He pensado, que esa noche, cuando haya nacido, le pediré tres favores y estoy segura de que me los va a conceder.

Le pediré que me enseñe a hablar como el resto de mi familia, porque cada vez que quiero decir algo, de mi boca sólo sale un sonoro “GUAU”. Casi nunca logro que me comprendan, y, a veces, hasta me riñen. 

También le pediré que me dé fuerzas para andar con sólo dos de mis cuatro patitas, a veces lo intento, apenas consigo estar así unos segundos, luego me flojea todo y me caigo.  

El tercer favor que me tiene que hacer, es que desaparezca el rabito tieso que tengo al final de la espalda y que no tiene nadie mas en casa. 

Cuando haya logrado todo esto, dice mamá que ya podré ir al colegio, comer con ellos en la mesa, y me dejarán salir sola, como mis hermanas. Incluso me ha dicho, que me dará una llave de casa. 

NUKA

Rosa Mº Pérez Granero